Cuando el incendio de Woolsey llegó al exclusivo vecindario de Bell Canyon, la residente Yen Hsieh tomó el violonchelo de 200 años de antigüedad de su fallecida maestra de música, algunas pertenencias y el pez Sparky de su hijo, y huyó, sin saber si su casa quedaría destruida.
 

Más de 30 propiedades en la comunidad cerrada del condado de Ventura resultaron quemadas, pero la de Hsieh sobrevivió. Bell Canyon estuvo protegido tanto por los bomberos del condado como por un equipo privado, cubierto por su póliza de seguro de hogar.
 

Para Hsieh, no está claro cuáles de los bomberos, los privados o los financiados con fondos públicos, fueron responsables de salvar su hogar, pero está agradecida. “Solo quiero abrazar a cada uno de ellos”, aseguró.


Mientras California experimenta dos años de incendios forestales sin precedentes, que han dejado más de 20,000 hogares destruidos y decenas de muertos, el negocio privado de la extinción de incendios florece. Estas brigadas trabajan independientemente de los bomberos del condado; su misión es proteger casas específicas, bajo contrato con compañías de seguros.