Jon Coupal

Cada año, los políticos de California empujan proyectos de leyes y los anuncian como “favorable a la familia.” Esa etiqueta es ciertamente útil para ganar simpatía por una propuesta. Es similar a etiquetar un proyecto de ley “la ley de proteger a los cachorros.” ¿Quién podría oponerse a eso, excepto a los cretinos sin corazón?   

El año pasado una serie de proyectos de leyes fueron avanzados como “favorable a la familia” incluyendo el proyecto de ley del senado 63 por la senadora Hannah-Beth Jackson, de Santa Bárbara. Conocido como el proyecto de ley de “vinculación con el bebé”, ahora es ilegal que un empleador de 20 o más empleados se niegue a permitir que un empleado elegible tome hasta 12 semanas de trabajo protegido permiso parental para vincularse con un nuevo bebé dentro del año posterior al nacimiento del niño, adopción o colocación de cuidado de crianza. También exige que un empleador mantenga y pague la cobertura continua de salud de grupo del empleado durante la duración del permiso parental. Antes de la aprobación de este proyecto de ley, el permiso parental era obligatorio solo para las empresas con 50 o más empleados.

Otro proyecto de ley “favorable a la familia” que se convirtió en ley el año pasado fue el proyecto de ley 1127 del asambleísta Ian Calderon, de Whittier. Este proyecto de ley requiere que las estaciones de cambio de pañales estén disponibles tanto para papás como para mamás en estadios deportivos, auditorios, bibliotecas, terminales de pasajeros, centro comerciales, grandes restaurantes y otro lugares.

Es difícil no ser compresivo a una legislación que, al menos en la superficie, parece hacer la vida más fácil para los padres. Pero, ¿la favorisidad a al familia de tales propuestas nubla la opinión de nuestros líderes políticos sobre la posible inconveniencia? California ya tiene una reputación horrible de ser anti-negocios. De hecho, durante más de una década, la revista CEO ha clasificado a California como el último lugar entre los estados para hacer negocios.

No es un secreto que, incluso con una economía resurgente, California sigue perdiendo empleos. Su participación en el crecimiento de la mano de obra nacional es una fracción de lo que debería ser, dada nuestra población. La línea de tendencia de los ciudadanos que se mudan de California, conocida como “migración interna neta,” está bien documentada.

Asi que aqui esta la pregunta crítica: ¿Es “favorable a la familia” que los padres pierdan sus trabajos debido a el ambiente anti-empresarial de California? Mandatos a las empresas son un importante contribuyente a este ambiente, que también incluye a los altos impuestos, los incentivos a las demandas frívolas y regulaciones excesivas.  

Los elite políticos de California parecen ignorar el hecho de que todos los mandatos gubernamentales sobre el sector privado vienen con un costo. Algunas empresas, especialmente las grandes corporaciones, pueden absorber esos costos con relativa facilidad. Pero para muchas empresas pequeñas, incluso el mandato más simpático puede poner un apretón en su línea de fondo.

Estos asuntos son mejor dejados al mercado libre, donde el gobierno tiene poco o ningún control. Debido a que los empleados y clientes aprecian políticas “favorable a la familia”, ellos serán atraídos a aquellas empresas que las adoptan. Los establecimientos del sector privado que no satisfacen las necesidades razonables de su fuerza de trabajo corren el riesgo de una publicidad desfavorable y pueden tener dificultades para contratar y retener empleados.

Es posible apoyar políticas favorables a la familia y al mismo tiempo oponerse a un mandato del gobierno para esas políticas. En los negocios como en las familias, un tamaño no sirve para todos.