Jon Coupal

Se puede entender que muchos contribuyentes de California están decepcionados con los resultados de las elecciones. La derrota de la Proposición 6 significa que los grandes aumentos del año pasado tanto en el impuesto a los automóviles como en el impuesto a la gasolina que nos imponen los políticos de Sacramento permanecerán en vigencia y los conductores de California se quedarán con el segundo impuesto a la gasolina más alto de la nación.

Los progresistas asociados con la izquierda política de aumentar los impuestos para financiar un aumento al gasto del gobierno están interpretando la derrota de la Proposición 6 como una luz verde para imponer impuestos aún más altos. De hecho, algunos creen ahora que la icónica Proposición 13 en si misma puede estar en riesgo. Pero este tipo de pensamiento es defectuoso.

Hay tres razones principales por las que la Proposición 6 fracasó y ninguna de ellas se debe a que los votantes estaban enamorados con los aumentos de impuestos del proyecto de ley del senado 1 que fue aprobado el año pasado. Primero, la etiqueta en la boleta electoral- que puede haber sido lo único que vieron los votantes con poca información- no hizo ninguna referencia a la subida de impuestos aprobada por la legislatura el año pasado. Más bien, declaró siniestramente que la iniciativa “eliminaría ciertos fondos para el transporte.” Esta descripción no especifica ignora que si la Proposición 6 hubiera sido aprobada California seguiría teniendo el quinto impuesto a la gasolina más alto de la nación. Al otorgar un título de boleta descaradamente engañoso, el Fiscal General Xavier Becerra les hizo a los oponentes un gran favor.

En segundo lugar, el poder financiero de los “buscadore de alquileres,”- aquellos intereses que aseguran una ventaja financiera a través de impuestos más altos sobre el público en general- se exhibió en su totalidad durante esta campaña. Grandes empresas, incluyendo grandes empresas de construcción, se asociaron con grandes manos de obra para contribuir más de $50 mil millones en fondos para la campaña. Una inversión única de $50 millones de dólares por $5 mil millones en ingresos fiscales cada año es un gran retorno de la inversión. Además, esta cantidad de dinero empequeñeció los aproximadamente $5 millones recaudados por los proponentes. Con ese tipo de disparidad en el gasto, la desinformación lanzada por los oponentes no podría ser desafiada de manera efectiva, particularmente en los principales mercados de medios.

En tercer lugar, los oponentes se invulucraron en comportamiento repetidos cuestionable e  incluso ilegal. Más allá de las amenazas exageradas de probabilidad de que tengamos puentes colapsados si se aprobar la Proposición 6, hubo un uso bien publicitado de las cuadrillas de trabajo supervisadas por Caltrans para detener el tráfico y repartir folletos de campaña que exigen un voto negativo sobre la Proposición 6. Y la plena integración de la gerencia de Caltrans con los operativos de la campaña de oposición fue un ejemplo de colusión real, no falsa.  Mientras que hay acciones legales pendiente sobre este tipo de actividad, es de poco consuelo para los conductores de California que son castigados cada vez que se detienen en la bomba o escriben un cheque al DMV.

Todo esto demuestra que no es fácil convencer a los californianos a pagar impuestos más altos. La Proposición 6 puede haber sido confusa para muchos votantes porque no estaba etiquetada en la boleta como un recorte de impuestos. Un voto de “no” fue una ratificación del aumento de impuestos de la legislatura. Incluso ahora es confuso.

Es probable que se presente una prueba más precisa del apetito de los votantes por impuestos más altos en las próximas elecciones. Una propuesta que aumentaría directamente los impuestos sobre las empresas ya se ha calificado para la boleta de 2020. La medida crearía una “split roll” para los impuestos a la propiedad, lo que provocaría re evaluaciones inmediatas en las propiedades comerciales e impondría miles de millones de dólares en impuestos a la propiedad más altos. Esta iniciativa también es un asalto directo a la Proposición 13 para debilitar, por primera vez, las protecciones centrales de esa famosa iniciativa.

A diferencia de la campaña de la Proposición 6, las fuerzas de impuestos y gastos pedirán un voto de “sí”. En oposición a ellos estarán todas las organizaciones tradicionales de defensa de los contribuyentes acompañadas por una armada de intereses comerciales. Muchos de estos grupos formaban parte de la poderosa coalición que derrotó firmemente a la Proposición 10, que habría desatado el control de la renta en California.

La Proposición 6 fue una decepción y los defensores de los contribuyentes pueden estar sangrientos pero no están rotos. Parafraseando a Mark Twain, la noticia de nuestra muerte es muy exagerada.